El desierto

Centauros del desierto

Una historia de cuanto teníamos 25 años

1.

El cartel de la fiesta del veinticinco aniversario del Cambalache Bar sintetiza en una noche la experiencia diaria que este establecimiento único en Salamanca. La fiesta íntima con los salmantinos Tangozero con Antonio Bartrina –el alma de Malevaje– recuperando el micrófono por primera vez desde la desaparición del siempre recordado Amador; la fiesta salvaje con Víctor Coyote (Los Coyotes, Víctor Abundancia) acompañado por Pablo Novoa (Golpes Bajos) a la guitarra y Ricardo Moreno (Los Ronaldos) en la batería. Y el “hasta que el cuerpo aguante” con Javier Corcobado cambiando el escenario por los platos. Un menú que podría pasar por un minifestival, pero no, es simplemente la manera de celebrar una fecha especial de un bar especial. Será en la Sala Atenas, el 1 de junio, a las 23 horas.

Cartel 25 aniversario Cambalache Bar

2.

“Estamos trabajando para cerrar elegantemente este ciclo de fiestas salvajes”, decía un correo del Cambalache Bar anunciando esta fiesta, jugando con el título de la canción de Los Coyotes. Los antiguos griegos representaron en los frisos del Partenón un mito relacionado con las fiestas salvajes: los razonables lapitas lucharon, y vencieron, a los impulsivos y excesivamente hedonistas centauros tras un bien regado banquete de boda. Tenían necesidad los atenienses de marcarle el terreno a la sinrazón y por eso lo pusieron ahí bien clarito, en mármol.

En el Cambalache hemos podido armonizar esas dos tendencias, y por eso volvemos, porque algo puede ocurrir allí. Porque algo nos ocurrió allí. Porque cierta noche, cierta música, cierta botella, cierta persona nos hizo entrar lapitas y salir centauros perdidos. Elegantemente perdidos. Es ese carácter del bar como lugar para la oportunidad del encuentro con lo inesperado o con lo deseado el que hace único al Cambalache. Y a ese calor, a ese espacio concebido para que fluya el significado del mito, llegamos cada año una caravana de lapitas-centauros a celebrar su cumpleaños.

3.

Hace cinco años escribí que latía un aire de Aki Kaurismäki en las tardes del Cambalache. Había entrado un señor a todas luces centroeuropeo, a primera hora, y bebía un café en silencio sentado en el tresillo frente a la puerta. Me recordó a esos individuos del director finlandés que se reponen ante una taza en plano frontal, en Luces al Atardecer o Un hombre sin pasado. Y también está esa especie de poética de los objetos del bar: no hay interiorismo aquí, todo parece significar algo auténtico o tener una utilidad concreta. Y está el dominante rojo de esos escenarios. Y un exacerbado sentido de la dignidad y de la consciencia de que o se lucha por ella o adiós muy buenas.

Todo eso veía yo en común entre Kaurismäki y el Cambalache. Y Alberto Fernández, el diseñador de todo el material gráfico del bar y gran conocedor del alma cambalachera, dijo: “Es más John Ford”. Y, sí, he pensado mucho en ello y también es muy John Ford.

Porque, como en el comienzo de Centauros del Desierto, este bar también es una mujer abriendo una puerta y oteando el páramo y, sobre todo, es una mujer manteniendo su casa impoluta y acogedora para que no se meta dentro el desierto, que el desierto es algo que se mete por todas partes en cuanto te descuidas. Esa casa es un lugar donde la historia ha trazado unas líneas muy concretas y funciona con una política de detalles mínimos que acaban convirtiéndose en imprescindibles. Es el mito del refugio que alguien construyó, lo cuidó y trabajó para mantener el fuego encendido. “No dejes que se apague el fuego” decían en las películas del oeste, sabiendo que les iba la vida en ello. La barra es frontera, y la vida fluye por los dos lados.

4.

Este desierto nuestro, no hace falta que os lo diga, parece crecer imparable. Mañana nos sacudiremos el polvo bailando, tratando de que no se nos pegue a la piel, que la ropa ya está para tirarla. Y brindaremos con destilados de la frontera. Celebremos que el refugio es sólido y que el lunes volverá a abrir la puerta para que podamos seguir alimentándonos allí. El Cambalache Bar es un lugar donde siempre ha encontrado su sitio gente inquieta, y está claro que ahora es el momento de ser más inquieto que nunca. Mejor con música, claro.

Antonio Marcos | 31 de mayo de 2013

Imágenes: Centauros del desierto (The Searchers, John Ford, 1956) y El hombre sin pasado y Luces al atardecer (Aki Kaurismäki, 2002 y 2006).

Cartel 25 aniversario: Alberto Fernández.

El desierto